“Colombia sigue esperando que ocurra el derrumbe para actuar”

Según el Ministerio de Transporte, a corte de 11 de febrero de 2026, en lo que va corrido del año, se han registrado 200 emergencias viales, con 14 cierres totales en corredores nacionales y tres parciales y uno en vías concesionadas debido a eventos asociados a movimientos en masa, perdida de banca, inundaciones y afectaciones en puentes y taludes.
Hoy, un cierre vial, derivado de un derrumbe, puede impedir paso de ambulancias, afectar el abastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos, generar pérdidas para el transporte de carga, aumentar los costos logísticos y aislar comunidades enteras, sumando millones de dólares, duplicado en zonas mineras, industriales y aquellas relacionadas con los puertos “anota Gonzalo Díaz, director técnico de Geobrugg para Colombia.
Es claro que Colombia tiene una combinación de alta montaña, fuertes lluvias, geología compleja y una gran cantidad de vías construidas sobre media y alta montaña, sumado al cambio climático donde ciclos de humedecimiento y secado, generan la inestabilidad de los taludes, que aumentan la probabilidad de ocurrencia de estos deslizamientos. Pero más allá de esto, como lo afirma Gonzalo Díaz “El país suele plantear soluciones más reactivas que preventivas. Esperamos a que se caiga el talud, antes de empezar a tratarlo, y esto pone en riesgo, no solo la vida de las personas que transitan por los corredores viales, sino genera pérdidas millonarias, mientras hay sistemas y tecnologías, probados nacional e internacionalmente, que pueden ayudar a mitigar estos eventos. Porque siempre será más fácil y económico, hacer un diseño preventivo que uno reactivo”. Además, no se puede enfrentar una falla de la ladera con soluciones de mitigación que no cumplen con las características y parámetros para solucionar problemas de inestabilidades en donde se requiere que el sistema realmente pueda transferir cargas al terreno y aumentar sus factores de seguridad. Por eso, es necesario que exista una legislación más estricta, para que no cualquier malla o solución estándar funcione contra las inestabilidades, exponiendo la vida y seguridad en las vías, haciendo que los presupuestos se pierdan y las soluciones no sean definitivas, sino temporales.
La realidad supera la ficción.

En las grandes producciones cinematográficas, se suelen ver catástrofes donde grandes deslizamientos de tierra sepultan, autos, personas, e incluso hasta poblaciones. Lo que se muestra en Terremoto: La Falla de San Andrés, o 2012, con terremotos masivos, se vive en menor escala a diario en las carreteras y zonas de alto riesgo colombianas. Según el Ministerio de Transporte, en lo que va corrido del 2026, los departamentos de Nariño, Chocó, Valle del Cauca, Antioquia y Norte de Santander, son los más afectados por estos cierres viales, derivados de emergencias relacionadas en su mayoría con riesgos geotécnicos. “Por eso se requieren soluciones de estabilización capaces de transmitir cargas al terreno y aumentar los factores de seguridad de tal manera que las laderas queden estables, soluciones de estabilidad con metodología de diseño racional que contemplen las condiciones reales del terreno y de los materiales que se están utilizando para aportar cargas estabilizantes a la ladera. De hecho, un sistema denominado TECCO para estabilizar taludes, tiene una metodología de diseño publicada y aprobada para estabilizar la ladera, no es como otro tipo de mallas que se encuentran a manera pasiva esperando a que ocurra el movimiento de material, este sistema se pretensiona contra la ladera, aportando cargas contra la aldera para dejar el talud estable y libre de mantenimiento”, asegura Díaz.

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