Incendios forestales: Primeras acciones que pueden evitar que un foco se convierta en una emergencia mayor

Un incendio forestal de grandes proporciones comienza muchas veces con un conato: un foco localizado que, bajo determinadas condiciones de vegetación, temperatura, viento y terreno, puede extenderse rápidamente. El incendio registrado el 19 de septiembre en Villa de Leyva, Boyacá, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que resulta determinante para comunidades, empresas, fincas, hoteles y demás instalaciones ubicadas cerca de zonas forestales: ¿qué puede hacerse durante las primeras horas para reducir la posibilidad de que el fuego continúe avanzando?
La respuesta no consiste en enfrentarse directamente a las llamas. SACS Group advierte que la prioridad debe ser detectar y reportar inmediatamente el foco, proteger a las personas y eliminar, únicamente cuando existan condiciones seguras para hacerlo, factores que puedan facilitar la propagación mientras llegan los organismos especializados.
“En un incendio forestal cada minuto cuenta, pero actuar rápido no significa exponerse al fuego. La primera decisión debe ser informar a los organismos de emergencia con la ubicación más precisa posible y observar, desde un lugar seguro, hacia dónde se desplazan el humo y las llamas. Paralelamente, si las condiciones lo permiten, pueden eliminarse fuentes adicionales de ignición y materiales combustibles próximos a viviendas o instalaciones, sin ingresar nunca al área del incendio”, explica Carolina López Pérez, gerente técnica para Latinoamérica de SACS Group.
Uno de los aspectos menos visibles durante estas emergencias es el papel del combustible vegetal. Pasto seco, hojas, ramas, madera acumulada y residuos vegetales pueden generar una continuidad entre el área forestal y una construcción. Por eso, en predios que todavía no han sido alcanzados por el incendio y siempre que exista distancia suficiente del frente de fuego, retirar estos materiales de los alrededores inmediatos de edificaciones puede disminuir la posibilidad de que una brasa encuentre combustible y genere un nuevo foco.
También debe prestarse atención a la aparición de puntos secundarios de humo. El viento puede transportar material incandescente y originar focos separados del frente principal, incluso en lugares que inicialmente parecían fuera del área afectada. Detectarlos y reportar inmediatamente su ubicación a los organismos de emergencia permite incorporar esa información a la evaluación operativa sin que habitantes o trabajadores intenten intervenir directamente.

Burning forest in autumn, heat and mystery generated by artificial intelligence

Otro punto crítico son los accesos. Vías internas, portones y caminos deben permanecer libres para permitir el ingreso de bomberos, carrotanques y vehículos de emergencia. En propiedades rurales, hoteles, empresas o instalaciones cercanas al área afectada también es recomendable identificar previamente dónde se encuentran depósitos de combustibles, cilindros de gas, sustancias inflamables, transformadores u otros elementos que puedan incrementar la severidad del incidente e informar sobre ellos a los equipos de respuesta.
SACS Group recomienda además suspender inmediatamente cualquier actividad capaz de producir una nueva fuente de ignición en el entorno: quemas de residuos, fogatas, trabajos con llama abierta o actividades que produzcan chispas. El Ministerio de Ambiente ha señalado que cerca del 95 % de los incendios forestales en Colombia se atribuye a acciones humanas, entre ellas quemas, fogatas, colillas y fósforos encendidos.
En materia de cortafuegos, la compañía hace una precisión importante. Estas franjas sin vegetación pueden contribuir a interrumpir la continuidad del combustible, pero deben planearse y mantenerse preventivamente, especialmente alrededor de áreas habitadas o infraestructura expuesta. Intentar construirlas improvisadamente cuando el incendio ya está próximo puede poner en peligro a las personas y debe quedar bajo orientación de los responsables de la emergencia.
“La propagación depende de la interacción entre combustible, topografía y condiciones meteorológicas. Por eso, prepararse no significa solamente tener extintores o conocer un número de emergencia. Significa saber qué elementos alrededor de una instalación pueden alimentar el fuego, por dónde podrían ingresar los organismos de respuesta, cuáles son las rutas de evacuación y qué activos o sustancias requieren especial protección”, agregó López Pérez.
La vigilancia tampoco termina cuando desaparecen las llamas visibles. Troncos, raíces, hojarasca y otros materiales pueden conservar calor y provocar reactivaciones. Un área aparentemente controlada no debe considerarse segura hasta que los organismos responsables hayan realizado la liquidación del incendio y autorizado el ingreso.
El caso de Villa de Leyva evidencia la complejidad que puede alcanzar una emergencia de este tipo. Con corte al 21 de septiembre, la UNGRD reportaba cerca de 1.200 hectáreas afectadas, dos focos activos y 250 personas desplegadas en la operación, además de apoyo aéreo para intervenir sectores de difícil acceso.
Para SACS Group, la lección trasciende la emergencia actual: la capacidad de contener un incendio también se construye antes de que aparezca el humo. Identificar áreas vulnerables, mantener franjas preventivas, controlar la acumulación de combustible vegetal, disponer de rutas de acceso y evacuación y establecer mecanismos de detección y reporte temprano puede reducir el tiempo de reacción y evitar que un foco encuentre las condiciones necesarias para convertirse en una emergencia de mayor magnitud.

Comparte

Artículos Relacionados