Reconstruir las zonas afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto no debería significar simplemente recuperar lo perdido. Para el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), el proceso representa una oportunidad para reducir vulnerabilidades, mejorar las condiciones de vida de las comunidades y preparar mejor a los territorios frente a futuros eventos.
Con este propósito, el CCCS trabaja junto al Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio para que los procesos de reconstrucción integren cinco ejes claves: resiliencia y gestión del riesgo, bienestar y calidad de vida, uso eficiente de los recursos y la inversión pública, pertinencia territorial y fortalecimiento comunitario y una visión de desarrollo de largo plazo.
“Cada proceso de reconstrucción implica tomar decisiones que permanecerán durante décadas. No se trata solamente de reponer viviendas o infraestructura, sino de hacer de este el momento para construir territorios más seguros, saludables y preparados. Reconstruir también es hacerlo mejor”, señaló Angélica Ospina, presidenta ejecutiva del CCCS.
Reducir riesgos desde el comienzo. La gestión del riesgo debe orientar dónde y cómo se reconstruye, cómo se protege la infraestructura crítica y cómo se garantiza la continuidad de servicios esenciales. Además de las amenazas naturales, la planificación debe considerar fenómenos asociados al cambio climático, que cada vez se intensifican más, como inundaciones, deslizamientos, incendios, sequías y temperaturas extremas. Una mayor resiliencia también permite reducir pérdidas futuras y proteger el patrimonio de las familias y la inversión pública y privada.
Mejorar las condiciones de vida. Viviendas, colegios, hospitales, espacios públicos e infraestructura social deben ofrecer ambientes seguros, saludables, accesibles y adecuados a las condiciones de cada territorio. Aspectos como ventilación, iluminación natural, calidad del aire, confort térmico y acceso a servicios básicos tienen efectos directos sobre la salud, el bienestar y la calidad de vida de las comunidades.
Usar mejor los recursos disponibles. La reconstrucción debe evaluar los proyectos durante todo su ciclo de vida y no únicamente por su costo inicial. El uso eficiente de agua, energía y materiales puede reducir gastos futuros de operación y mantenimiento. También será necesario gestionar los residuos de construcción y demolición y promover su aprovechamiento como agregados y materias primas secundarias para reincorporarlos al ciclo productivo.
Responder a las realidades de cada territorio. Las soluciones no pueden ser iguales para todas las regiones. Las condiciones ambientales, culturales, sociales y económicas, así como las formas de habitar y los materiales disponibles, deben hacer parte de las decisiones. La participación de las comunidades será especialmente importante en procesos de reubicación o reasentamiento, donde reconstruir significa también recuperar redes de apoyo, actividades económicas, espacios de encuentro e identidad territorial.
Pensar más allá de la emergencia. Las decisiones que se tomen hoy determinarán durante décadas la forma en que funcionarán las ciudades y comunidades reconstruidas. Por ello, las intervenciones deben articularse con el ordenamiento territorial, la adaptación climática, la movilidad, la protección ambiental y el desarrollo económico.
A partir de las conversaciones sostenidas con el Ministerio de Vivienda, el CCCS convocó a Miembros y expertos de diferentes áreas de la cadena de valor de la construcción para aportar conocimiento y capacidades técnicas al proceso de reconstrucción.
Colombia cuenta además con experiencia, capacidades profesionales y avances normativos en construcción sostenible que pueden ponerse al servicio de este desafío.
“La emergencia exige actuar rápido, pero eso no significa actuar sin visión. La pregunta no es solamente cómo reconstruimos lo que perdimos, sino cómo logramos que las personas, las comunidades y los territorios queden mejor preparados después de reconstruir”, concluyó Ospina.

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