El mercado de oficinas Clase A, o espacios corporativos de alto estándar en diseño, tecnología, ubicación y sostenibilidad, inicia el año con señales claras de transformación estructural en Bogotá. Más allá de la recuperación, lo que se consolida es una nueva etapa en la que la calidad, la eficiencia y la integración urbana se imponen sobre el volumen. Esta tendencia, destacada en el más reciente informe de Cushman & Wakefield, proyecta para 2026 un entorno donde los edificios no solo se ocupan, sino que se eligen estratégicamente para potenciar productividad, cultura corporativa y atracción de talento.
“En 2026, las decisiones inmobiliarias están completamente alineadas con las estrategias empresariales de crecimiento, sostenibilidad y bienestar laboral. Lo que estamos viendo es que las compañías están mucho más conscientes del valor que representa un entorno de trabajo de alto estándar, no solo para mejorar la productividad, sino también para atraer y retener talento. Hoy la demanda se concentra en espacios que respondan a modelos híbridos, que integren tecnología, que ofrezcan accesibilidad y que estén pensados desde el bienestar del colaborador: incorporando variables como eficiencia energética, calidad ambiental interior, conectividad urbana y optimización del costo total de ocupación, donde se observa una relación directa entre la calidad del activo, los niveles de presencialidad efectiva y los indicadores de atracción y retención de talento. Las oficinas que cumplan con esos criterios serán las que capturen valor en 2026”, anota Juan Carlos Delgado, country manager de Cushman & Wakefield para Colombia.
Durante 2025, la absorción neta superó los 66.000 m², con una marcada actividad en corredores como Salitre, Centro y Noroccidente. La tasa de vacancia cayó a 6,7%, un mínimo no visto en más de una década, a pesar de un crecimiento activo del inventario. Esto confirma una nueva dinámica en el mercado, más enfocada en la reposición que en la expansión, con un claro sesgo hacia espacios que incorporen especificaciones técnicas de alto nivel, eficiencia operativa y atributos sostenibles. Este comportamiento se explica, en parte, por una mayor racionalización de portafolios corporativos, donde las empresas privilegian ubicaciones estratégicas y edificios con mejores estándares técnicos frente a la simple acumulación de metros cuadrados.
Para 2026, se prevé que cerca de 48.000 m² ingresen al mercado, de forma controlada, y con una marcada concentración en proyectos de escala media que privilegian la eficiencia energética, la conectividad urbana y las certificaciones ambientales. La capital ya cuenta con 214.163 m² en desarrollo, y lo relevante no es la cifra en sí, sino el enfoque de esa nueva oferta: edificios más adaptables, más humanos y tecnológicos. El pipeline se está transformando en una respuesta precisa a una demanda que no busca más metros, sino mejores metros.
Este proceso también está moldeando los precios, pues el valor promedio del metro cuadrado alcanzó los $85.303 COP mensuales, con un aumento del 13% respecto al año anterior. Submercados como Chicó, Nogal-Andino y Salitre están experimentando presiones al alza impulsadas por la baja disponibilidad de espacios de calidad y por un aumento en la pre adjudicación de oficinas incluso antes de entrar en obra. En paralelo, corredores emergentes como Noroccidente empieza a mostrar ventajas competitivas en precio y desempeño técnico, atrayendo nuevas inversiones e inquilinos con visión de largo plazo. Este fenómeno sugiere una mayor segmentación del mercado, donde conviven zonas consolidadas con valores premium y submercados en consolidación que ofrecen oportunidades para empresas en procesos de expansión o relocalización estratégica.
Este nuevo ciclo inmobiliario ocurre en un entorno macroeconómico que, aunque aún presenta retos, muestra señales de estabilización. La proyección de crecimiento del PIB para 2026 se mantiene alrededor del 2,4%, la inflación comienza a ceder tras cerrar en 5,1% en 2025, y la confianza del consumidor da muestras de recuperación. Si bien las tasas de interés siguen siendo elevadas con un 9,25%, las condiciones de acceso al crédito están comenzando a mejorar. Este contexto, sumado a la ejecución de grandes proyectos de infraestructura, abre una ventana de oportunidad para que el sector inmobiliario corporativo recupere protagonismo y profundidad.
Bogotá está consolidándose como un hub corporativo regional, donde el valor de una oficina va mucho más allá del metraje. Este año, la verdadera ventaja estará en aquellos espacios que combinen tecnología, diseño, bienestar y ubicación estratégica.

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